20 aniversario del proyecto de la Torre de Francia, entrevista a Julio Gómez-Perretta

20 aniversario del proyecto de la Torre de Francia, entrevista a Julio Gómez-Perretta

Entrevistamos al arquitecto director del estudio Perretta Arquitectura, uno de los participantes en el proyecto de la emblemática torre valenciana

Se cumplen ahora 20 años del proyecto de la Torre de Francia de Valencia, el primer rascacielos que se construía en la ciudad del Turia. Se trata de un edificio de 35 plantas que estaba diseñado para formalizar la embocadura de la Avenida de Francia, un eje urbano que arrancaba en la prolongación de la Alameda del Turia y que debía de llegar hasta el puerto.

Decíamos que debía de llegar porque 20 años después todavía el Ministerio de Fomento no ha solucionado la prolongación del túnel de Serrería por el que pasa el ferrocarril que continúa hacia Barcelona y por lo tanto la avenida sigue cortada.  Recordemos que el túnel debería de anularse porque el futuro paso de ferrocarril sale subterráneo por la Avenida de Aragón. Este es un sino de la ciudad de Valencia, siempre a la cola de los proyectos nacionales. Que le vamos a hacer.

Paisajes españoles años 60

El proyecto tiene cierto paralelismo con otra torre anterior de la ciudad, terminada en 1960 y que proyectó nada menos que el arquitecto madrileño Gutiérrez Soto; un edificio que se bautizó con el nombre de Gómez-Trenor. En este caso la torre enmarcaba el principio de la Gran vía del Marqués del Turia conectando después con la cornisa de la avenida, la misma solución.

Tenemos junto a nosotros a Julio Gómez-Perretta, uno de los arquitectos que realizaron el proyecto y dirigieron la obra y queremos preguntarle por su proceso, empezando por los orígenes.

-Bueno, el origen del proyecto hay que situarlo en la feliz idea de dos arquitectos que intervinieron en el PAI que remodelaba una zona hasta ese momento industrial, con un grado de obsolescencia notable; se trata de Rafael Mira y Salvador Esparza, que luego formaron parte destacada del proyecto. En ese momento ya se había tomado la decisión de construir un rascacielos enmarcando la avenida y sirviendo de eje separador con la propia Alameda.

Yo me uno al equipo junto a la arquitecta Quina Esparza y entre todos desarrollamos el proyecto en base a una planta en H que consideramos muy apropiada. Primero porque las alas de la figura formaban dos planos, uno frente a la Alameda y el otro siguiendo la alineación de la Avenida de Francia. Este segundo plano pasaba de 35 a 12 plantas y así conectaba con el resto de la cornisa de la calle. Las distribuciones de una planta en H son también muy apropiadas porque sitúan los núcleos de comunicación en el alma de la figura, permiten disponer las cocinas en las caras interiores, los dormitorios en las puntas y todo el frontal para los salones.

No suele ser normal que un edificio de esa altura sea de viviendas, ¿eso generó algunos problemas?

No demasiados, aunque nos inclinó más hacia una estructura de hormigón en lugar de la clásica metálica con arriostramientos y grandes ventanales. Buscamos entonces componer una geometría de volúmenes y nos apoyamos en los balcones, que eran una exigencia inicial, tratando de reforzar esa imagen de cuerpos maclados, en lugar de los típicos planos de cristal. Creo que fue fundamental volar los balcones en las esquinas para replicarlos luego con unos petos frente a los huecos de los dormitorios en los testeros. El diseño de estos petos de los balcones fue muy cuidado. Los hicimos altos, para evitar el vértigo y los rematamos con una pletina plana inclinada que permite un apoyo de los brazos.

El edificio intenta componerse según una composición clásica de rascacielos repetida desde los orígenes de Sullivan en Chicago que supone una disminución progresiva de los volúmenes con una coronación en punta.

Uno de los disgustos que se llevó el equipo es la eliminación de la coronación acristalada que remataba el edificio y que se propuso como un mirador, e incluso un restaurante. Es verdad que al ser un edificio de viviendas los accesos eran un poco más complicados. Otra decisión importante fue mantener la fachada con un solo material, una iniciativa que Rafael Mira tenía muy clara y que fue un acierto.

Al final decidimos utilizar los paneles de aluminio Alucobond y yo insistí en que las piezas en esquina debían ser únicas, en forma de L, para no generar una junta en toda la vertical del edificio, lo que hubiera sido terrible. Eso dificultó la colocación de esas piezas, pero mereció la pena.

La promotora era Valencia Urbana y lo construyó ACS, ¿Cómo fue la relación con ellos?

Bueno, creo que Valencia Urbana no estaba acostumbrada a esta escala de obras y tal vez cometió el error de vender pronto y sobre plano y eso limitó en parte los presupuestos finales.

La presencia de ACS, como pasa con todas las grandes constructoras, obligó a la dirección facultativa a realizar un esfuerzo notable de control y definición. Hay que señalar que el grueso del trabajo de dirección lo llevaba Quina Esparza ayudada por el arquitecto Vicente Ordura, cuya colaboración fue muy valiosa. Yo me centre fundamentalmente en la piel del edificio, es decir en los cerramientos, el alucobond y la carpintería Schüco que fue finalmente la empleada. Hay que tener en cuenta que a más de 100 metros de altura las solicitaciones a viento y los movimientos oscilatorios son enormes.

¿Cómo ve el proyecto años después?

Yo creo que fue un ejercicio de arquitectura bastante correcto, que se percibe nítido, con unas geometrías coherentes.  Tratamos de no hacer un artefacto si no un edificio sencillo y limpio, sin alardes.

TORRE DE FRANCIA

Arquitectos:

Rafael Mira, Salvador Esparza, Julio Gómez-Perretta, Quina esparza y Vicente Ordura

Promotor: Valencia Urbana SL

Constructor: ACS

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